martes, 17 de mayo de 2011

BILDU AURRERA!

Leído en SUGARRA, publicación marxista vasca


La legalización de la coalición electoral BILDU, formada por EA, Alternatiba y Araba Bai así como por un amplio sector de independientes, abertzales y de izquierda, por parte del Tribunal Constitucional, ha supuesto una importante conquista para los sectores populares vascos que exigían al Estado español el pleno respeto de los derechos democráticos para todas las opciones políticas.

Aunque es evidente que la presencia de BILDU en las próximas elecciones municipales y forales constituye un hecho positivo, no hay que olvidar que en las prisiones españolas y francesas hay, en estos momentos, cerca de 900 presas y presos políticos vascos a los que no se les reconoce oficialmente esa condición; y que cerca de 40.000 ciudadanos y ciudadanas vascas tienen limitados sus derechos políticos al negárseles la posibilidad de ser elegidos para ocupar cargos públicos, sin estar incursos en procesos de inelegibilidad ni estar privados de dicho derecho en virtud de sentencia en firme. Igualmente, tampoco hay que olvidar que aún está pendiente la vista sobre SORTU en el Tribunal Constitucional, después de que fuera prohibida su inscripción en el registro de partidos por el Tribunal Supremo español.

Esta nueva situación política es consecuencia de la interacción de varios factores. Por una parte, responde a la voluntad del sector mayoritario de la izquierda abertzale de poner en práctica unas formas de lucha que no dificulten o impidan la acumulación de fuerzas populares, de acuerdo con el resultado del debate interno que desarrolló durante varios meses en 2009 y que se concretó en el documento “Zutik Euskal Herria” (febrero 2010). Voluntad que se ha visto reforzada por los acuerdos alcanzados por dicho sector con otras fuerzas políticas, como son el Acuerdo del Euskalduna (junio de 2010) y el de Gernika (septiembre de 2010); así como por los gestos de distensión realizados por la organización armada ETA, como son el anuncio del alto el fuego (enero de 2011) y el del fin del cobro del “impuesto revolucionario” (abril 2011). Pero también hay que destacar el creciente respaldo popular que se ha puesto de manifiesto con ocasión de las distintas movilizaciones convocadas para exigir el reconocimiento de todos los derechos democráticos y apoyar la consolidación del proceso.

En cualquier caso, la legalización de BILDU por el TC español va a posibilitar la presencia de centenares de representantes populares en los ayuntamientos, Juntas Generales de Bizkaia, Araba y Gipuzkoa, así como en el Parlamento Foral de Nafarroa, instituciones todas ellas que constituyen la base del aparato político-administrativo del Estado español en Euskal Herria, que se pueden convertir, a partir de ahora, en nuevos ámbitos de la lucha de clases (social y nacional).

Aunque el carácter de BILDU es limitado, pues se creó como una coalición electoral, con un contenido social interclasista y, por tanto, no posee una dirección u orientación política acorde con los intereses específicos de la clase obrera vasca, a medio plazo podría constituir un instrumento valioso que nos permita avanzar hacia la construcción de un bloque democrático nacional, en el que sea la clase obrera la que desempeñe el papel hegemónico.

Y es éste bloque, precisamente, uno de los objetivos estratégicos de los comunistas vascos para impulsar el proceso revolucionario de construcción nacional y transformación social en Euskal Herria. Por eso, desde un punto de vista táctico, los comunistas vascos debemos apoyar a BILDU. Y en estos momentos, ese apoyo se concreta en pedir el voto para sus candidaturas en los cuatro territorios de Hego Euskal Herria.

La participación popular en las próximas elecciones municipales y forales, también abre la posibilidad de impulsar la creación de una asamblea de cargos electos a nivel nacional, lo que se podría llevar a cabo mediante la reactivación de UDALBILTZA que, como sabemos, fue legalizada a raíz de una sentencia absolutoria de la Audiencia Nacional el pasado mes de enero.

En este mismo sentido podemos enmarcar el trabajo conjunto, de cara a este 1º de mayo, de la mayoría sindical vasca, con un llamamiento común que no se producía desde 2004. Este 1º de Mayo común cobra un doble valor, pues además, la mayoría sindical vasca se ha convertido en el referente de lucha para miles de trabajadores, tanto dentro como fuera de Euskal Herria, sobre todo en el Estado español, si tenemos en cuenta las posturas claudicantes y “pesebriles” que han adoptado UGT y CC OO. Claro ejemplo es la manifestación que realizaron en Madrid contra la reforma de las pensiones y de la negociación colectiva junto a fuerzas sindicales de otras partes del Estado.

También tomamos nota de la iniciativa de la red Independentistak para conseguir la celebración de un Aberri Eguna conjunto. Este año en dos puntos distintos, Gernika y Baigorri con un amplio seguimiento de esta iniciativa.

Todos estos movimientos, en su conjunto, nos muestran que se dan las circunstancias objetivas para la conformación de un amplio bloque popular en lucha por la independencia y el socialismo en Euskal Herria. Ahora lo que hace falta es la construcción de una vanguardia consciente y enraizada en el proletariado vasco que sea capaz de sacar provecho de todo este potencial.

De momento, todo nuestro apoyo BILDU en la próxima contienda electoral.

viernes, 1 de abril de 2011

¡ Apoyar la Guerra Popular en la India, Avanzada de la Revolución Proletaria Mundial!

Colectivo Odio de Clase

http://odiodeclase.blogspot.com/2011/03/apoyar-la-guerra-popular-en-la-india.html 

La Semana de Apoyo a la Revolución India significa sobre todo "Internacionalismo"; internacionalismo entendido, además, en su acepción más llana, es decir, solidaridad de los trabajadores hacia aquellos a quienes identificamos, dondequiera que se encuentren, como nuestros iguales por explotados y, lo que es más importante, por rebeldes contra la explotación.

No hace mucho, el gobierno reaccionario indio calificó al Partido Comunista de la India (Maoísta) como “la mayor amenaza” a que debe hacer frente la Unión India, palabras que, en los oídos de los comunistas, nos resuenan con ecos de “la mayor esperanza” no sólo para la propia India, sino también para todos los pueblos del mundo.

Y ello es así porque la India, hoy, es una de las patas fundamentales del catafalco del capitalismo: el Partido Comunista de la India (Maoísta) se ha echado a las espaldas la admirable y gloriosa tarea de dar un golpe de muerte al capitalismo mundial retomando la tarea inconclusa de quienes nos precedieron en la labor más elevada a que se puede entregar la humanidad: acabar para siempre con la explotación del hombre por el hombre.Los comunistas sabemos que una victoria nuestra en la India desencadenará, como en 1917 ó 1949, una oleada de revoluciones populares cuya energía creará, de nuevo, la posibilidad de destruir por completo el sistema imperialista vigente.

Quizá sea éste el rasgo de mayor trascendencia del proceso revolucionario indio. Pero no es el único, ni mucho menos: el Partido Comunista de la India (Maoísta) –y me refiero a su práctica política y militar, a sus aportaciones teóricas, a sus análisis concretos sobre cuestiones de gran alcance como el problema nacional o la cuestión religiosa- ha hecho suyas las tradiciones más genuinas, más sanas, del proceso histórico de la Revolución india y del Movimiento Comunista internacional. El bagaje teórico y práctico del Partido Comunista de la India (Maoísta), desde su creación en septiembre de 2004, se puede describir como una “gran refutación” de los revisionismos de antes y de ahora. Pero también, y sobre todo, como un “gran sí” al Marxismo.

En atención a estos dos rasgos indisociables del Partido Comunista de la India (Maoísta), es decir, a su carácter de avanzada de la Revolución Mundial y a su creativa lucha contra todas las formas de revisionismo, el Colectivo Odio de Clase (ODC) se ha propuesto la tarea de difundir entre los lectores en lengua castellana el día a día de la Guerra Popular en la India con el objeto de ensanchar las corrientes de simpatía hacia el Partido Comunista de la India (Maoísta).

No queremos, camaradas, concluir sin mencionar el deber internacionalista de oponerse, en la medida de nuestras capacidades, a la criminal Operación “Green Hunt”, auténtica “guerra contra el Pueblo” como la han denominado nuestros camaradas indios, lanzada por el gobierno “progresista” de Delhi. Y tampoco sin recordar la figura del inolvidable camarada Azad, portavoz del Partido Comunista de la India (Maoísta) hasta su vil asesinato por los criminales al servicio de imperialismo que hoy –esperemos que no por mucho tiempo- ejercen el poder del estado indio en contra de las amplias masas populares de su propio país.

Nuestro mayor deseo es que el libro en cuya elaboración hemos participado “Guerra Popular en la India” la haga efectivamente avanzar, que sus páginas no tengan otro destino que contribuir a derrotar la tiranía del capital en el mundo.

¡Viva la Guerra Popular en la India!

¡Viva el Internacionalismo Proletario!

jueves, 31 de marzo de 2011

Sentencias medievales

Jon Odriozola

Leído en GARA


Sortu ya no se juzga por lo que diga, haga o deje de decir o hacer, sino «por-no-ser-creíble». No se somete a una ordalía altomedieval porque es antiestético. Y, sin embargo, no hay mucha diferencia

La jurisprudencia es una intrincada hojarasca donde es fácil perderse. Hay profesiones que todavía conservan vestigios de lo que fueron en el Antiguo Régimen: gremios con sus códigos y jerigonzas.

Pero llegó la Ilustración. Y la secularización y su postulado fundamental de la separación entre Derecho y moral. El estado no es ninguna obra divina, sino un artificio humano al servicio de la seguridad y la felicidad de sus componentes. En consecuencia, la intervención penal debe limitarse a aquellas conductas externas capaces de producir una efectiva lesión de algún bien jurídico relevante; los pensamientos, las meras intenciones o los rasgos de la personalidad han de quedar excluidos de la esfera punitiva. Esta idea -sigo a Luis Prieto Sanchís- de que el Derecho penal ha de confirmarse como una respuesta frente a conductas o hechos externos y no frente a simples vicios de la personalidad constituye una aportación verdaderamente fundamental de la Filosofía penal ilustrada que había de desmbocar en un proceso de destipificación del amplísimo catálogo de conductas castigadas por la legislación del Antiguo Régimen. Piénsese que antes de la Revolución francesa había más de cien delitos castigados con la pena capital.

La justicia española no es justicia y nunca lo será, al margen de que, coyunturalmente, beneficie o perjudique. Si lo fuera, Sortu, que como buen chico aplicado ha cumplido todos los pasos de una ley fascista como la de partidos (¿o es que ya no es fascista?), sería legal ya mismo. Pero no es ya que la selvática y nemorosa legislación española peque de vicio de origen -cualquier sentencia que emita la Audiencia Nacional, por ejemplo, es per se ilegal porque el propio tribunal de excepción lo es, pero lo pintan todo al revés, confiando en la ignorancia del pueblo- desde la guerra civil -aquí jamás hubo un Nüremberg-, sino que es propia de tiempos medievales y preindustriales. Sortu ya no se juzga por lo que diga, haga o deje de decir o hacer, sino «por-no-ser-creíble». No se somete a una ordalía altomedieval porque es antiestético. Y, sin embargo, no hay mucha diferencia, pues ¿cómo llamar a quien pide que des un paso y, cuando lo da, pedir otro y otro según el arbitrio de juicios que ni siquiera contempla la ley fascista? Legalizará el Tribunal Constitucional a Sortu, pero eso no cambiará la esencia de la más aberrante y venal de la legiferancia europea: la española. Una apócrifa justicia donde los jueces son protagonistas y se habla de ellos como «jueces-estrella», cuando si hay o debiera haber algo más neutro y epiceno en los aparatos del Estado -en su época liberal-, son los jueces, de quienes Montesquieu dijera que «los jueces de la nación no son más que el instrumento que pronuncia las palabras de la ley, seres inanimados que no pueden moderar ni la fuerza ni el rigor de las leyes». O sea, un poder nulo, en cierto modo. No como ahora que está anulado, cosa bien distinta, aunque galleen las vedettes.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Relato de la agresión sufrida por un activista BDS en el partido Baskonia-Maccabi de Tel Aviv

Ante la situación de indefensión en la que me encuentro tras la agresión sufrida durante el partido del Maccabi de Tel Aviv por parte de la ertzaintza, la más que previsible versión distorsionada de los hechos que den los cuerpos de seguridad, el acoso y hostigamiento al que cada vez más nos estamos viendo sometidas las personas que en uno u otro momento hemos realizado tareas de portavocía del movimiento internacional BDS en Euskal Herria, y el bloqueo mediático a que este movimiento se ve relegado, procedo a relatarles lo acontecido el pasado 24 de marzo en las instalaciones públicas del Pabellón Buesa Arena de Gasteiz, sin ninguna esperanza de que llegue a tener ningún tipo de transcendencia pública o política, pero con la intención de que quede constancia escrita de los hechos.

El pasado 24 de marzo, y dentro de las iniciativas de protesta que desde la red Euskal Herria-Palestina Sarea se convocaron con motivo de la visita a Gasteiz de la delegación deportiva israelí, cinco personas adquirimos entradas de primera fila en los asientos posteriores al banquillo local, con la intención de mostrar banderas Palestinas (bandera legal y reconocida por las Naciones Unidas y el Comité Olímpico Internacional) y que desde ese punto no pudieran ser evitadas por los realizadores de televisión. Prácticamente en el mismo instante en que desplegamos nuestras banderas un espectador de los asientos posteriores, molesto por la muestra de solidaridad, nos increpó y nos amenazó con «arreglar esto a hostias...», ante nuestra indiferencia se abalanzó sobre mi intentando arrebatarme la bandera cosa a la que yo me resistí tirando del otro extremo de la misma y sin mediar ningún tipo de contacto físico por mi parte. En cuestión de segundos un grupo de ertzainas se abalanzó sobre mi y sin mediar ningún tipo de palabra o requerimiento me arrancaron de mi asiento arrastrándome por el suelo hasta el sótano del pabellón (me reitero en la precisión de que en ningún momento intenté invadir la zona de banquillos sino que fueron ellos quienes me arrastraron desde mi asiento hasta el pie de cancha).

Una vez en el sótano me mantuvieron durante un largo periodo de tiempo (que por la confusión del momento no sería capaz de concretar) inmovilizado en el suelo, en una postura forzada, con la bota aplastándome la cara contra el suelo y sin atender a mis quejas de dolor. En un momento dado varios ertzainas me colocaron de cara a la pared y me pidieron la identificación. Yo, confundido, intenté comunicarles que no podía identificarme porque todas mis pertenencias se habían quedado en el asiento de donde me habían arrastrado. Ante lo violento de la situación y mi estado de confusión por los gritos simultáneos de varios agentes pedí que me dejaran llamar a un abogado de confianza, ante lo cual uno de los agentes (a quien no podría identificar porque en todo momento me encontraba con la cara pegada a la pared -creo, además, que estaba encapuchado-) se abalanzo sobre mi por la espalda y asiéndome por los hombros me estampó la cara contra la pared, mientas que me profería gritos que por mi estado de aturdimiento tras el golpe no puedo recordar. Tras el golpe el agresor se retiró y aparecieron otros dos ertzainas, al parecer de mayor grado, y a cara descubierta, ante quienes me identifiqué. Otro agente de paisano que aparentemente era el responsable de la seguridad del pabellón comenzó a relatar a los de mayor graduación una versión de los hechos absolutamente distorsionada (según su relato, yo habría iniciado una pelea con otro espectador...), ante mi presencia, al parecer para elaborar el informe de los hechos.

Yo todavía aturdido rehusé a contradecir su versión (algo que por otra parte hubiera sido inútil), y le transmití a quien redactaba el informe que había sido agredido, a lo que él hizo caso omiso. Entre tanto, dos individuos de rasgos nórdicos, vestidos de traje negro, y con la cabeza rapada (de quienes deduje que eran agentes israelíes) supervisaban los acontecimientos manteniéndose en un segundo plano. Cuando me trajeron mis pertenencias que habían quedado abandonadas en los graderíos me llamaron la atención sobre una navaja campestre (de las que se usan para pelar la fruta) que entre otras cosas llevaba en el bolso, y comenzaron a discutir entre ellos, en tono evidentemente alto para que les pudiera escuchar, sobre la idoneidad o no de incluirla en el informe en calidad de “arma blanca”. Ignoro si el motivo de los comentarios era amedrentarme o realmente pretendían distorsionar deliberadamente la magnitud de los hechos. Una vez puesto en libertad y acudiendo a los servicios de Urgencia del Hospital de Santiago, me tope con la dura realidad, asumida por todos los estamentos sanitarios (desde recepcionista, a enfermero, o doctora) de la impunidad institucionalizada. El comentario generalizado era: «nosotros te hacemos el parte de lesiones, pero no esperes que esto vaya a llegar a ninguna parte...».

Así pues, asumiendo mi indefensión y la inutilidad de emprender cualquier proceso legal contra mis agresores, apelo al menos a los medios de distribución que estén a mi alcance para socializar esta información, esperando que quien tiene las herramientas para ello (representantes políticos y medios de comunicación) adopten con responsabilidad las medidas a su alcance para que no se vuelvan a repetir estos episodios de persecución, hostigamiento, y coartación de la libertad de expresión contra el movimiento BDS.

Koldo Alzola. Activista del movimiento BDS (Boycott, Divestment and Sanctions,-Boicot, Desinversión y Sanciones-)

viernes, 25 de marzo de 2011

Libia y nuestro programa

Sade, del Colectivo Odio de Clase


Los comunistas no tienen por qué guardar encubiertas sus ideas e intenciones. Abiertamente declaran que sus objetivos sólo pueden alcanzarse derrocando por la violencia todo el orden social existente.

Manifiesto Comunista

¿Cuál es nuestro programa?

Ataviado con los ropajes de un supuesto maquiavelismo que, con todo rigor, debe calificarse de maquiavelismo de la nada, uno de los efectos más perniciosos –y prolongados en el tiempo- de la acción conjunta del eurocomunismo y del socialimperialismo soviético consistió en trocar nuestro programa, es decir, nuestros objetivos comunistas y los medios para alcanzarlos, por un programa diferente.

Así por ejemplo, tras el Congreso del año 54, el PCE pretendió la liquidación de la lucha de clases, renunciando a dirigirla, bajo la proclama de la “reconciliación nacional”; en el año 78, ese mismo partido hizo suya la bandera de los golpistas del 36 en sustitución de aquella otra, tricolor, por la que miles y miles de comunistas dieron su vida heroicamente en lucha contra aquellos mismos golpistas; hace apenas unos días, un ex Secretario General de ese partido agitaba la vigente constitución monárquica como supuesta depositaria de la solución económica a la crisis capitalista…

El Colectivo Odio de Clase (ODC) se ha negado, por antimarxista, a valorar la revuelta libia, sin más, como “una intervención de la CIA”.

Nuestro programa, el programa comunista, dice que el desarrollo histórico es resultado de la lucha de clases, y desde una perspectiva internacional, del enfrentamiento entre imperialismo y antiimperialismo. Pretender liquidar teoréticamente la revuelta libia como “una intervención de la CIA” no es sino recurrir al averiado recurso de la conspiración, recurso ajeno al marxismo no sólo en un sentido negativo, es decir, por no atender a la lucha de clases y al enfrentamiento entre países imperialistas y países y movimientos antiimperialistas como factores determinantes, sino también en un sentido positivo: para las teorías conspirativas el motor de la historia es la voluntad individual o de un pequeño grupo de hombres elegidos, punto en el que coinciden plenamente con el pensamiento burgués-liberal.

Nuestro programa, el programa comunista, sostiene que un sistema social en que el trabajo manual es desempeñado masiva y exclusivamente por centenares de miles de extranjeros sin el más mínimo derecho laboral y político, mientras la población autóctona se reserva el trabajo intelectual o se entrega a la simple ociosidad financiada con la renta petrolera extraída del trabajo de esos obreros extranjeros, en las condiciones dictadas por los mercados controlados por el imperialismo, es un sistema social y político reaccionario. Ésa y no otra es, objetivamente, la caracterización del sistema social imperante en Libia.

Nuestro programa, el programa comunista, nos exige posicionarnos inequívocamente del lado del agredido por el imperialismo. ODC ha dejado meridianemente claro su apoyo sin fisuras al régimen de Gaddafi tras el desencadenamiento de la agresión imperialista. Sin embargo, la naturaleza reaccionaria del régimen de Gaddafi no lo es menos por el hecho mismo de la agresión, del mismo modo que no dejó de ser reaccionario y filofascista el régimen de Engelbert Dollfuss por la agresión imperialista del nazismo sufrida por Austria en los años 30. En concreto, nuestro programa, el programa comunista, afirma que es el carácter reaccionario del régimen de Gaddafi, como lo fue el de Dollffuss, –¡y no las revueltas populares contra la reacción!- el que termina por facilitar los planes criminales del imperialismo.

¿Por qué derrotó en 1945 la Unión Soviética la más gigantesca agresión imperialista que país alguno haya tenido que afrontar? ¿Por qué doblegó Vietnam a dos imperios colosales como el francés y el estadounidense, uno detrás de otro? Porque el programa de Stalin y de Ho Chi Minh no era el del nacionalismo pequeñoburgués de los Noriega, Milosevic o Saddam Hussein; porque su programa, el programa comunista, movió a la solidaridad de millones y millones de seres humanos contra la agresión imperialista; porque su bandera no era verde como la de Gaddafi sino roja: nuestra bandera, la bandera de los comunistas del mundo.

Mientras los comunistas no atendamos a las palabras de Marx y Engels que dan inicio a este artículo, nuestra energía revolucionaria se canalizará hacia la realización de los intereses no de las masas populares sino de los explotadores y de las luchas interimperialistas. El último ejemplo de ese maquiavelismo de la nada, típicamente eurocomunista, es la traición del Partido Comunista de Nepal (Maoísta) que, so pretexto de calmar a la fiera imperialista india y estadounidense, liquidó la Guerra Popular para participar en unas elecciones que, aun ganadas por el propio PCN (M), no han alterado un ápice las relaciones de clase existentes bajo la monarquía reaccionaria de Gyanendra.

¡Sólo armados con comunismo derrotaremos al imperialismo!

¡Apoyar y defender el régimen de Gaddafi bajo la agresión imperialista no significa defender su programa!