jueves, 31 de marzo de 2011

Sentencias medievales

Jon Odriozola

Leído en GARA


Sortu ya no se juzga por lo que diga, haga o deje de decir o hacer, sino «por-no-ser-creíble». No se somete a una ordalía altomedieval porque es antiestético. Y, sin embargo, no hay mucha diferencia

La jurisprudencia es una intrincada hojarasca donde es fácil perderse. Hay profesiones que todavía conservan vestigios de lo que fueron en el Antiguo Régimen: gremios con sus códigos y jerigonzas.

Pero llegó la Ilustración. Y la secularización y su postulado fundamental de la separación entre Derecho y moral. El estado no es ninguna obra divina, sino un artificio humano al servicio de la seguridad y la felicidad de sus componentes. En consecuencia, la intervención penal debe limitarse a aquellas conductas externas capaces de producir una efectiva lesión de algún bien jurídico relevante; los pensamientos, las meras intenciones o los rasgos de la personalidad han de quedar excluidos de la esfera punitiva. Esta idea -sigo a Luis Prieto Sanchís- de que el Derecho penal ha de confirmarse como una respuesta frente a conductas o hechos externos y no frente a simples vicios de la personalidad constituye una aportación verdaderamente fundamental de la Filosofía penal ilustrada que había de desmbocar en un proceso de destipificación del amplísimo catálogo de conductas castigadas por la legislación del Antiguo Régimen. Piénsese que antes de la Revolución francesa había más de cien delitos castigados con la pena capital.

La justicia española no es justicia y nunca lo será, al margen de que, coyunturalmente, beneficie o perjudique. Si lo fuera, Sortu, que como buen chico aplicado ha cumplido todos los pasos de una ley fascista como la de partidos (¿o es que ya no es fascista?), sería legal ya mismo. Pero no es ya que la selvática y nemorosa legislación española peque de vicio de origen -cualquier sentencia que emita la Audiencia Nacional, por ejemplo, es per se ilegal porque el propio tribunal de excepción lo es, pero lo pintan todo al revés, confiando en la ignorancia del pueblo- desde la guerra civil -aquí jamás hubo un Nüremberg-, sino que es propia de tiempos medievales y preindustriales. Sortu ya no se juzga por lo que diga, haga o deje de decir o hacer, sino «por-no-ser-creíble». No se somete a una ordalía altomedieval porque es antiestético. Y, sin embargo, no hay mucha diferencia, pues ¿cómo llamar a quien pide que des un paso y, cuando lo da, pedir otro y otro según el arbitrio de juicios que ni siquiera contempla la ley fascista? Legalizará el Tribunal Constitucional a Sortu, pero eso no cambiará la esencia de la más aberrante y venal de la legiferancia europea: la española. Una apócrifa justicia donde los jueces son protagonistas y se habla de ellos como «jueces-estrella», cuando si hay o debiera haber algo más neutro y epiceno en los aparatos del Estado -en su época liberal-, son los jueces, de quienes Montesquieu dijera que «los jueces de la nación no son más que el instrumento que pronuncia las palabras de la ley, seres inanimados que no pueden moderar ni la fuerza ni el rigor de las leyes». O sea, un poder nulo, en cierto modo. No como ahora que está anulado, cosa bien distinta, aunque galleen las vedettes.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Relato de la agresión sufrida por un activista BDS en el partido Baskonia-Maccabi de Tel Aviv

Ante la situación de indefensión en la que me encuentro tras la agresión sufrida durante el partido del Maccabi de Tel Aviv por parte de la ertzaintza, la más que previsible versión distorsionada de los hechos que den los cuerpos de seguridad, el acoso y hostigamiento al que cada vez más nos estamos viendo sometidas las personas que en uno u otro momento hemos realizado tareas de portavocía del movimiento internacional BDS en Euskal Herria, y el bloqueo mediático a que este movimiento se ve relegado, procedo a relatarles lo acontecido el pasado 24 de marzo en las instalaciones públicas del Pabellón Buesa Arena de Gasteiz, sin ninguna esperanza de que llegue a tener ningún tipo de transcendencia pública o política, pero con la intención de que quede constancia escrita de los hechos.

El pasado 24 de marzo, y dentro de las iniciativas de protesta que desde la red Euskal Herria-Palestina Sarea se convocaron con motivo de la visita a Gasteiz de la delegación deportiva israelí, cinco personas adquirimos entradas de primera fila en los asientos posteriores al banquillo local, con la intención de mostrar banderas Palestinas (bandera legal y reconocida por las Naciones Unidas y el Comité Olímpico Internacional) y que desde ese punto no pudieran ser evitadas por los realizadores de televisión. Prácticamente en el mismo instante en que desplegamos nuestras banderas un espectador de los asientos posteriores, molesto por la muestra de solidaridad, nos increpó y nos amenazó con «arreglar esto a hostias...», ante nuestra indiferencia se abalanzó sobre mi intentando arrebatarme la bandera cosa a la que yo me resistí tirando del otro extremo de la misma y sin mediar ningún tipo de contacto físico por mi parte. En cuestión de segundos un grupo de ertzainas se abalanzó sobre mi y sin mediar ningún tipo de palabra o requerimiento me arrancaron de mi asiento arrastrándome por el suelo hasta el sótano del pabellón (me reitero en la precisión de que en ningún momento intenté invadir la zona de banquillos sino que fueron ellos quienes me arrastraron desde mi asiento hasta el pie de cancha).

Una vez en el sótano me mantuvieron durante un largo periodo de tiempo (que por la confusión del momento no sería capaz de concretar) inmovilizado en el suelo, en una postura forzada, con la bota aplastándome la cara contra el suelo y sin atender a mis quejas de dolor. En un momento dado varios ertzainas me colocaron de cara a la pared y me pidieron la identificación. Yo, confundido, intenté comunicarles que no podía identificarme porque todas mis pertenencias se habían quedado en el asiento de donde me habían arrastrado. Ante lo violento de la situación y mi estado de confusión por los gritos simultáneos de varios agentes pedí que me dejaran llamar a un abogado de confianza, ante lo cual uno de los agentes (a quien no podría identificar porque en todo momento me encontraba con la cara pegada a la pared -creo, además, que estaba encapuchado-) se abalanzo sobre mi por la espalda y asiéndome por los hombros me estampó la cara contra la pared, mientas que me profería gritos que por mi estado de aturdimiento tras el golpe no puedo recordar. Tras el golpe el agresor se retiró y aparecieron otros dos ertzainas, al parecer de mayor grado, y a cara descubierta, ante quienes me identifiqué. Otro agente de paisano que aparentemente era el responsable de la seguridad del pabellón comenzó a relatar a los de mayor graduación una versión de los hechos absolutamente distorsionada (según su relato, yo habría iniciado una pelea con otro espectador...), ante mi presencia, al parecer para elaborar el informe de los hechos.

Yo todavía aturdido rehusé a contradecir su versión (algo que por otra parte hubiera sido inútil), y le transmití a quien redactaba el informe que había sido agredido, a lo que él hizo caso omiso. Entre tanto, dos individuos de rasgos nórdicos, vestidos de traje negro, y con la cabeza rapada (de quienes deduje que eran agentes israelíes) supervisaban los acontecimientos manteniéndose en un segundo plano. Cuando me trajeron mis pertenencias que habían quedado abandonadas en los graderíos me llamaron la atención sobre una navaja campestre (de las que se usan para pelar la fruta) que entre otras cosas llevaba en el bolso, y comenzaron a discutir entre ellos, en tono evidentemente alto para que les pudiera escuchar, sobre la idoneidad o no de incluirla en el informe en calidad de “arma blanca”. Ignoro si el motivo de los comentarios era amedrentarme o realmente pretendían distorsionar deliberadamente la magnitud de los hechos. Una vez puesto en libertad y acudiendo a los servicios de Urgencia del Hospital de Santiago, me tope con la dura realidad, asumida por todos los estamentos sanitarios (desde recepcionista, a enfermero, o doctora) de la impunidad institucionalizada. El comentario generalizado era: «nosotros te hacemos el parte de lesiones, pero no esperes que esto vaya a llegar a ninguna parte...».

Así pues, asumiendo mi indefensión y la inutilidad de emprender cualquier proceso legal contra mis agresores, apelo al menos a los medios de distribución que estén a mi alcance para socializar esta información, esperando que quien tiene las herramientas para ello (representantes políticos y medios de comunicación) adopten con responsabilidad las medidas a su alcance para que no se vuelvan a repetir estos episodios de persecución, hostigamiento, y coartación de la libertad de expresión contra el movimiento BDS.

Koldo Alzola. Activista del movimiento BDS (Boycott, Divestment and Sanctions,-Boicot, Desinversión y Sanciones-)

viernes, 25 de marzo de 2011

Libia y nuestro programa

Sade, del Colectivo Odio de Clase


Los comunistas no tienen por qué guardar encubiertas sus ideas e intenciones. Abiertamente declaran que sus objetivos sólo pueden alcanzarse derrocando por la violencia todo el orden social existente.

Manifiesto Comunista

¿Cuál es nuestro programa?

Ataviado con los ropajes de un supuesto maquiavelismo que, con todo rigor, debe calificarse de maquiavelismo de la nada, uno de los efectos más perniciosos –y prolongados en el tiempo- de la acción conjunta del eurocomunismo y del socialimperialismo soviético consistió en trocar nuestro programa, es decir, nuestros objetivos comunistas y los medios para alcanzarlos, por un programa diferente.

Así por ejemplo, tras el Congreso del año 54, el PCE pretendió la liquidación de la lucha de clases, renunciando a dirigirla, bajo la proclama de la “reconciliación nacional”; en el año 78, ese mismo partido hizo suya la bandera de los golpistas del 36 en sustitución de aquella otra, tricolor, por la que miles y miles de comunistas dieron su vida heroicamente en lucha contra aquellos mismos golpistas; hace apenas unos días, un ex Secretario General de ese partido agitaba la vigente constitución monárquica como supuesta depositaria de la solución económica a la crisis capitalista…

El Colectivo Odio de Clase (ODC) se ha negado, por antimarxista, a valorar la revuelta libia, sin más, como “una intervención de la CIA”.

Nuestro programa, el programa comunista, dice que el desarrollo histórico es resultado de la lucha de clases, y desde una perspectiva internacional, del enfrentamiento entre imperialismo y antiimperialismo. Pretender liquidar teoréticamente la revuelta libia como “una intervención de la CIA” no es sino recurrir al averiado recurso de la conspiración, recurso ajeno al marxismo no sólo en un sentido negativo, es decir, por no atender a la lucha de clases y al enfrentamiento entre países imperialistas y países y movimientos antiimperialistas como factores determinantes, sino también en un sentido positivo: para las teorías conspirativas el motor de la historia es la voluntad individual o de un pequeño grupo de hombres elegidos, punto en el que coinciden plenamente con el pensamiento burgués-liberal.

Nuestro programa, el programa comunista, sostiene que un sistema social en que el trabajo manual es desempeñado masiva y exclusivamente por centenares de miles de extranjeros sin el más mínimo derecho laboral y político, mientras la población autóctona se reserva el trabajo intelectual o se entrega a la simple ociosidad financiada con la renta petrolera extraída del trabajo de esos obreros extranjeros, en las condiciones dictadas por los mercados controlados por el imperialismo, es un sistema social y político reaccionario. Ésa y no otra es, objetivamente, la caracterización del sistema social imperante en Libia.

Nuestro programa, el programa comunista, nos exige posicionarnos inequívocamente del lado del agredido por el imperialismo. ODC ha dejado meridianemente claro su apoyo sin fisuras al régimen de Gaddafi tras el desencadenamiento de la agresión imperialista. Sin embargo, la naturaleza reaccionaria del régimen de Gaddafi no lo es menos por el hecho mismo de la agresión, del mismo modo que no dejó de ser reaccionario y filofascista el régimen de Engelbert Dollfuss por la agresión imperialista del nazismo sufrida por Austria en los años 30. En concreto, nuestro programa, el programa comunista, afirma que es el carácter reaccionario del régimen de Gaddafi, como lo fue el de Dollffuss, –¡y no las revueltas populares contra la reacción!- el que termina por facilitar los planes criminales del imperialismo.

¿Por qué derrotó en 1945 la Unión Soviética la más gigantesca agresión imperialista que país alguno haya tenido que afrontar? ¿Por qué doblegó Vietnam a dos imperios colosales como el francés y el estadounidense, uno detrás de otro? Porque el programa de Stalin y de Ho Chi Minh no era el del nacionalismo pequeñoburgués de los Noriega, Milosevic o Saddam Hussein; porque su programa, el programa comunista, movió a la solidaridad de millones y millones de seres humanos contra la agresión imperialista; porque su bandera no era verde como la de Gaddafi sino roja: nuestra bandera, la bandera de los comunistas del mundo.

Mientras los comunistas no atendamos a las palabras de Marx y Engels que dan inicio a este artículo, nuestra energía revolucionaria se canalizará hacia la realización de los intereses no de las masas populares sino de los explotadores y de las luchas interimperialistas. El último ejemplo de ese maquiavelismo de la nada, típicamente eurocomunista, es la traición del Partido Comunista de Nepal (Maoísta) que, so pretexto de calmar a la fiera imperialista india y estadounidense, liquidó la Guerra Popular para participar en unas elecciones que, aun ganadas por el propio PCN (M), no han alterado un ápice las relaciones de clase existentes bajo la monarquía reaccionaria de Gyanendra.

¡Sólo armados con comunismo derrotaremos al imperialismo!

¡Apoyar y defender el régimen de Gaddafi bajo la agresión imperialista no significa defender su programa!

sábado, 19 de marzo de 2011

Inminente agresión imperialista masiva contra Libia.El imperialismo vuelve a mostrar su cara más criminal, horrenda y cínica

HERRI DEMOKRAZIA

Finalmente el Consejo de Seguridad de la ONU ha aprobado una Resolución que da vía libre a una gran operación aeronaval de agresión imperialista contra Libia. Una vez más, bajo la máscara hipócrita y cínica que invoca falsas razones humanitarias, se quiere ocultar que el verdadero objetivo es convertir un país, Libia en este caso, en un Estado títere, para disponer de sus  riquezas de sobre todo petróleo (grandes reservas de primerísima calidad), pero también de gas natural e incluso de las importantes reservas de  agua existentes en el subsuelo de ese país árabe norteafricano.   Los socialfascistas actualmente en el Gobierno del Estado imperialista español ya se han apresurado a anunciar alborozados que se suman a las operaciones militares de agresión,  "una nueva misión para nuestras Fuerzas Armadas que se suma a más de dos décadas de compromiso con la paz y la estabilidad internacional" en palabras de la "pacifista" Ministra de Defensa, Carme Chacón. El manido discurso (además de históricamente falso e irreal)  cacareado durante casi treinta y cinco años por todos los gobiernos y aparatos ideológicos de la burguesía monopolista del Estado español en su lucha principalmente contra el Movimiento de Liberación Nacional Vasco, de que "la violencia nunca pude ser justificada para conseguir fines políticos" queda una vez más descubierto como una gran mentira; toda esta fraseología hueca, la tan presuntamente elevada "grandeza moral de la democracia", como gustan expresar, cae irremediablemente desplomada por tierra cuando  las bombas de la OTAN despedazan personas y arrasan viviendas, edificios e infraestructuras en Iraq, Yugoslavia o  Afganistán, creando horror y miseria. Destacar también que el imperialismo francés comandado por el gobernante fascista Sarkozy, que al igual que el español oprimen a Euskal Herria, se ha puesto a la cabeza para llevar a cabo la agresión contra Libia.

Acompañando a las potencias imperialistas impulsoras de la agresión, aparece la llamada Liga Árabe, la camarilla de ultra reaccionarios  reyes y príncipes feudales del Golfo, y de las  decadentes y parasitarias burguesías árabes , lacayos fieles del criminal orden capitalista-imperialista mundial. Mientras se ultiman los preparativos militares (y propagandísticos) de la agresión , estos regímenes sostenidos desde hace decenios y decenios por el imperialismo occidental reprimen en sus países a sangre y fuego las demandas de las masas trabajadoras y populares. Pocas horas después de la decisión del C.S. de la ONU, nuevamente las fuerzas represivas de Yemen   sembraban las calles de sangre, con más de 40 muertos y muchas decenas de heridos, según las noticias disponibles. Masacre esta con imágenes y datos perfectamente comprobables, aunque claro en esta ocasión los medios de difusión de la oligarquía monopolista no le presten apenas atención pasando de puntillas y a todo correr  sobre el asunto. También esta misma semana, al menos mil efectivos del ejército de Arabia Saudita y cientos de policías de los Emiratos Árabes Unidos saltaban las fronteras de Bahrein para reforzar la brutal represión contra las manifestaciones populares que se están produciendo en aquel país desde hace semanas. Los tres, países gobernados por arcaicas y tiránicas monarquías feudales, los tres buenos aliados del imperialismo occidental. Ni que decir tiene  que por supuesto, los imperialistas tan "preocupados" en este momento por la "democracia" y los "Derechos Humanos" en Libia, no moverán ni una pestaña para detener la sangrienta represión que se está ejerciendo contra el Pueblo, como mucho y de cara a la galería, deslizarán alguna almidonada y cuidadosa palabra en plan consejo entre amigos, destinada a no llegar a ninguna parte, es decir palabras calculadas e hipócritas para dar públicamente eso que se dice "imagen". No se puede esperar ninguna otra cosa, esos regimenes títeres garantizan los intereses económicos y geoestratégicos del imperialismo occidental.

La abstención de Brasil, Rusia y de la China pseudo socialista y socialimperialista, renunciando estas dos últimas a su poder de veto, supone en la práctica dar carta blanca a la agresión y al futuro saqueo de los recursos naturales del Pueblo libio. Así pues, y contra las vanas ilusiones que algunos todavía tratan de sostener, queda claro que tanto el papel de Brasil y Rusia, como el de China no es en modo alguno antiimperialismo; como potencias capitalistas que son evalúan los intereses de sus burguesías y, seguramente su complicidad ha quedado retratada después de ocultas negociaciones que den garantías de que estos dos países puedan participar de algún modo en el futuro reparto de la tarta. Nada más alejado de la práctica del internacionalismo proletario. Otra cosa es que en el necesario análisis del panorama mundial y de las relaciones y contradicciones imperialistas se observe que los distintos estados y bloques imperialistas no tengan capacidades equiparables, o que haya distintas estrategias y con diferente grado de agresividad. Esto debe ser analizado y conocido, pero no por ello dejan de ser potencias capitalistas imperialistas.

Mención aparte merece la posición del representante diplomático libanés, que ha dado su voto favorable a los intereses imperialistas, en tanto en cuanto Hezbolá participa en el Gobierno de Líbano; un importante error que puede tener consecuencias, particularmente para la lucha antiimperialista de las masas populares de la Nación árabe; francamente una decisión negativa, miope, y decepcionante.

El imperialismo es cínico y mentiroso, cuando sus exigencias eran atendidas por Gaddafi, a este se le agasajaba (agasajos recíprocos en realidad), lejos de consideraciones de otra índole. Y esto ocurría hasta ayer mismo. Ni el imperialismo ni Gaddafi pueden dar lecciones de nada a los Pueblos trabajadores del mundo.  No podemos tener confianza en quienes abandonaron una tras otra las banderas del antiimperialismo y sellaron sucios y vergonzosos acuerdos con el imperialismo; es esto precisamente junto a las políticas económicas y sociales antipopulares y contra los intereses de las masas trabajadoras, desarrolladas desde la década de los 90 del siglo XX hasta la actualidad lo que ha propiciado el actual asalto del imperialismo sobre Libia. No tenemos simpatías por Gaddafi.Que ahora oportunistamente recupere discursos antiimperialistas tiene una credibilidad nula. El líder del Estado libio hace años que abandonó su confrontación con el imperialismo, así como ciertas anteriores políticas progresistas, que en el ámbito interno sirvieron para mejorar las condiciones de vida del Pueblo Trabajador. Por supuesto que ni Gaddafi ni su Jamahiriya han sido nunca socialistas, si entendemos el término Socialismo en su sentido marxista.

Ahora bien, ante la actual situación, la principal amenaza contra el Pueblo libio es que se produzca un ataque bélico o incluso una invasión por parte del imperialismo occidental, el cual llevaría directamente a convertir el país en un protectorado en manos de EE.UU. y de ciertas potencias de la U.E., como principalmente el Reino Unido y el Estado francés. Ante tal situación el primer deber del Pueblo Trabajador y patriota libio es combatir la agresión del imperialismo, defendiendo la independencia, la soberanía y la integridad territorial de Libia, cortando la mano de los agresores. Esto es así incluso  si el reaccionario Gaddafi y sus fuerzas siguen manteniendo el control de la mayor parte de Libia, como en este momento ocurre. Lo demás pasa en este momento a un plano secundario.Como ya dijimos : Cuando la Italia Fascista invadió Abisinia (Etiopía) en 1935, aquel país africano estaba dirigido por una monarquía absoluta donde el emperador reinaba sobre una sociedad de tipo feudal. Un régimen por tanto completamente reaccionario y opresivo. Aun y todo la Internacional Comunista defendió la independencia y soberanía de Etiopía contra la ambición imperialista y colonialista del fascismo italiano, aunque obviamente la Komintern no apoyaba en modo alguno al régimen político y social etíope. Afirmamos que es esa la posición correcta que los comunistas, la izquierda antiimperialista y los progresistas debemos mantener. Si los criminales imperialistas deciden finalmente  perpetrar su ataque militar, la actual guerra civil  en Libia se transforma en guerra de liberación nacional contra el imperialismo.

Que no piense la burguesía monopolista mundial que esto no tendrá consecuencias y que saldrá indemne; el sistema capitalista imperialista está cada día más desprestigiado, y en este caso especialmente las masas populares de África y del conjunto de la Nación árabe entenderán esta nueva guerra neocolonial como  una agresión a sus intereses y a su dignidad. Donde hay opresión ¡hay resistencia!

INPERIALISMOA AKATU!!!

¡¡¡MUERTE AL IMPERIALISMO!!!


viernes, 11 de marzo de 2011

Barcos de guerra cerca de Libia: crece el peligro de intervención militar imperialista

Nota de  HERRI DEMOKRAZIA

Publicamos en el blog este interesante, acertado y bien documentado artículo de Sara Flounders (un poco superado en cuanto a algunos datos por la rápida evolución de los acontecimientos). Si bien, al igual que otros camaradas, y que también analistas honestos y críticos que no se pliegan a los simplistas, cínicos e interesados discursos propagandísticos del imperialismo, diferimos de la autora en la optimista caracterización  de revoluciones (hoy por hoy) a los movimientos de masas populares que vienen sucediéndose desde hace casi tres meses en el Magreb y en Oriente Próximo. En cualquier caso, estimamos que la lectura del artículo merece la pena.

Sara Flounders

Global Research

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=123632Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens 05-03-2011

Lo peor que le puede pasar al pueblo de Libia es la intervención de EE.UU.

Lo peor que le puede pasar al recrudecimiento revolucionario que estremece al mundo árabe es la intervención de EE.UU. en Libia.

La Casa Blanca se reúne con sus aliados imperialistas europeos de la OTAN para discutir la imposición de una zona de exclusión aérea sobre Libia, el bloqueo de todas las comunicaciones del presidente Muamar Gadafi dentro de Libia y el establecimiento de corredores militares hacia Libia desde Egipto y Túnez, supuestamente para “ayudar a los refugiados”. (New York Times, 27 de febrero)

Esto significa posicionar tropas de EE.UU. y de la OTAN en Egipto y Túnez cerca de los dos campos petrolíferos más ricos de Libia, en el este y el oeste. Significa que el Pentágono coordine maniobras con los militares egipcios y tunecinos. ¿Qué podría ser más peligroso para las revoluciones egipcia y tunecina?

Italia, otrora colonizadora de Libia, ha suspendido un tratado de 2008 con Libia que incluye una cláusula de no agresión, una acción que podría permitir que forme parte de futuras operaciones de “mantenimiento de la paz” en ese país, y posibilitaría el uso de sus bases militares en cualquier posible intervención. Varias bases de EE.UU. y de la OTAN en Italia, incluida la base de la Sexta Flota de EE.UU. cerca de Nápoles, podrían ser áreas de escenificación de una acción contra Libia.

El presidente Barack Obama ha anunciado que “toda la gama de opciones” se está considerando. Es el lenguaje de Washington para las operaciones militares.

La secretaria de Estado Hillary Clinton se reunió en Ginebra el 28 de febrero con ministros de exteriores del Consejo de Derechos Humanos de la ONU para discutir posibles acciones multilaterales.

Mientras tanto, se suma al tamborileo por la intervención militar la publicación de una carta pública de la Iniciativa de Política Exterior, un think tank derechista visto como sucesor del Proyecto por el Nuevo Siglo Estadounidense, que llama a que EE.UU. y la OTAN preparen “inmediatamente” una acción militar para ayudar a derribar el régimen de Gadafi.

Los firmantes del llamado público incluyen a William Kristol, Richard Perle, Paul Wolfowitz, Elliott Abrams, Douglas Feith y más de una docena de antiguos altos responsables del gobierno de Bush, más varios destacados demócratas liberales, como Neil Hicks de Human Rights First y el jefe de “derechos humanos” de Bill Clinton, John Shattuck.

La carta pide sanciones económicas y acción militar: el despliegue de aviones de guerra de la OTAN y de una armada naval para imponer zonas de exclusión aérea y que tenga la capacidad de neutralizar a las embarcaciones navales libias.

Los senadores John McCain y Joseph Lieberman, mientras estaban en Tel Aviv el 25 de febrero, llamaron a que Washington suministre armas a los rebeldes libios y que establezca una zona de exclusión aérea sobre el país.

No hay que pasar por alto los llamados a que contingentes de trabajadores médicos y humanitarios, inspectores de derechos humanos e investigadores de la Corte Penal Internacional sean enviados a Libia, con “escolta armada”.

El suministro de ayuda humanitaria no tiene que incluir a los militares. Turquía ha evacuado a 7.000 de sus ciudadanos en ferries y vuelos fletados. Unos 29.000 trabajadores chinos han partido en ferries, vuelos fletados y transporte terrestre.

Sin embargo, la manera en la que las potencias europeas están evacuando a sus ciudadanos de Libia durante la crisis incluye una amenaza militar y forma parte de las maniobras imperialistas para posicionarse con respecto al futuro de Libia.

Alemania envió tres barcos de guerra con 600 soldados y dos aviones militares para sacar a 200 empleados alemanes de la compañía de exploración petrolera Wintershall de un campo en el desierto a 1.000 kilómetros al sudeste de Trípoli. Los británicos enviaron el barco de guerra HMS Cumberland para evacuar a 200 británicos y anunciaron que el destructor York está en camino desde Gibraltar.

EE.UU. anunció el 28 de febrero que está enviando el inmenso portaaviones USS Enterprise y el barco de ataque anfibio USS Kearsarge del Mar Rojo a las aguas frente a Libia, donde se unirá al USS Mount Whitney y a otros barcos de guerra de la Sexta Flota. Los funcionarios lo calificaron de “posicionamiento previo de recursos militares”.

Votación en la ONU sobre sanciones

El Consejo de Seguridad de la ONU –bajo presión de EE.UU.– votó el 26 de febrero por la imposición de sanciones a Libia. Según estudios de las propias agencias de la ONU, más de un millón de niños de Iraq murieron como resultado de las sanciones impuestas por EE.UU. y la ONU a ese país que allanaron el camino para la invasión de EE.UU. Las sanciones son criminales y confirman que esta intervención no se debe a preocupación humanitaria.

Cuesta equiparar la pura hipocresía de la resolución sobre Libia con la preocupación por los “derechos humanos”. Sólo cuatro días antes de la votación, EE.UU. utilizó su veto para bloquear una resolución insípida que criticaba los asentamientos israelíes en tierra palestina en Cisjordania.

El gobierno de EE.UU. impidió que el Consejo de Seguridad emprendiera alguna acción durante la masacre israelí en Gaza en 2008, que llevó a la muerte de más de 1.500 palestinos. Esos organismos internacionales, así como la Corte Penal Internacional, han guardado silencio respecto a las matanzas israelíes, sobre los ataques de drones estadounidenses contra civiles indefensos en Pakistán y sobre las criminales invasiones y ocupación de Iraq y Afganistán.

El que China haya estado de acuerdo con la votación de sanciones es un ejemplo desafortunado de cómo el gobierno de Pekín deja que su interés por el comercio y por continuos embarques de petróleo prevalezca sobre su pasada oposición a las sanciones que claramente afectan a las poblaciones civiles.

¿Quién dirige la oposición?

Es importante analizar el movimiento de oposición, especialmente a quienes citan tan ampliamente todos los medios internacionales. Tenemos que suponer que participa la gente con quejas y agravios genuinos. ¿Pero quién dirige realmente el movimiento?

Un artículo de primera plana en el New York Times del 25 de febrero describió la diferencia entre Libia y las otras luchas que han estallado en todo el mundo árabe. “A diferencia de las rebeliones juveniles posibilitadas por Facebook, la insurrección en este caso ha sido dirigida por gente más madura y que se ha estado oponiendo activamente al régimen dese hace cierto tiempo”. El artículo describe el contrabando de armas a través de la frontera egipcia durante semanas, permitiendo que la rebelión “escale rápida y violentamente en poco más de una semana”.

El grupo opositor que más se cita es el Frente Nacional por la Salvación de Libia [NFSL por sus siglas en inglés]. Se sabe que el NFSL, fundado en 1981, es una organización financiada por la CIA, con oficinas en Washington, D.C. Ha mantenido una fuerza militar, llamada el Ejército Nacional Libio, en Egipto cerca de la frontera libia. Una búsqueda en Google del Frente Nacional por la Salvación de Libia y la CIA confirmará rápidamente cientos de referencias.

También se cita ampliamente a la Conferencia Nacional de la Oposición Libia. Es una coalición formada por el NFSL que también incluye a la Unión Constitucional Libia [LCU], dirigida por Muhamad as-Senussi, pretendiente al trono libio. La web de la LCU llama al pueblo libio a reiterar un juramento de lealtad al rey Idris el-Senusi como líder histórico del pueblo libio. La bandera utilizada por la coalición es la bandera del antiguo Reino de Libia.

Evidentemente esas fuerzas financiadas por la CIA y los antiguos monárquicos son política y socialmente diferentes de la juventud privada de derechos y de los trabajadores que han marchado por millones contra los dictadores respaldados por EE.UU. en Egipto y Túnez y que hoy se manifiestan en Barein, Yemen y Omán.

Según el artículo del Times, el ala militar del NFSL, utilizando armas de contrabando, capturó rápidamente puestos policiales y militares en la ciudad portuaria mediterránea de Bengasi y áreas cercanas al norte de los campos petroleros más ricos de Libia, donde se encuentran la mayoría de sus gasoductos y oleoductos, las refinerías y su puerto de gas natural licuado. El Times y otros medios occidentales afirman que esa área, ahora bajo “control de la oposición”, incluye un 80% de las instalaciones petroleras de Libia.

La oposición libia, a diferencia de los movimientos de otros lugares en el mundo árabe, pidió ayuda internacional desde el principio.Y los imperialistas respondieron rápidamente.

Por ejemplo Mohamed Ali Abdallah, secretario general adjunto del NFSL, envió un llamado desesperado: “Esperamos una masacre”. “Estamos enviando un SOS a la comunidad internacional para que intervenga”. Sin esfuerzos internacionales por contener a Gadafi, “habrá un baño de sangre en Libia en las próximas 48 horas”.

El Wall Street Journal, voz del gran capital, escribió en un editorial del 23 de febrero que “EE.UU. y Europa deberían ayudar a los libios a derrocar el régimen de Gadafi”.

Intereses de EE.UU. –El petróleo

Cuando sucede algo nuevo es importante pasar revista a lo que sabemos del pasado y preguntar siempre, ¿cuáles son los intereses de las corporaciones estadounidenses en la región?

Libia es un país rico en petróleo –uno de los 10 más ricos del mundo-. Libia tiene las mayores reservas probadas de petróleo en África, por lo menos 44.000 millones de barriles. Ha estado produciendo 1,8 millones de barriles de petróleo por día –crudo ligero considerado de máxima calidad y que necesita menos refinación que la mayor parte del petróleo-. Libia también tiene grandes depósitos de gas natural fácil de canalizar a los mercados europeos. Es un país de gran superficie con una pequeña población de 6,4 millones de personas.

Así ven a Libia las poderosas corporaciones petroleras y militares, los bancos y las instituciones financieras de EE.UU. que dominan los mercados globales.

Actualmente el petróleo y el gas son las materias primas más valiosas y la mayor fuente de beneficios del mundo. Conseguir el control de campos petrolíferos, oleoductos, refinerías y mercados impulsa una gran parte de la política imperialista de EE.UU.

Durante dos decenios de sanciones de EE.UU. contra Libia, que Washington esperaba que derribaran al régimen, los intereses corporativos europeos invirtieron fuertemente en el desarrollo de "ductos" e infraestructuras en ese país. Cerca de un 85% de las exportaciones de energía de Libia van a Europa.

Las transnacionales europeas –en particular BP, Royal Dutch Shell, Total, Eni, BASF, Statoil y Repsol– han dominado el mercado petrolero de Libia. Las gigantescas corporaciones petroleras de EE.UU. están excluidas de esos lucrativos acuerdos. China ha estado comprando una cantidad creciente de petróleo producido por la Corporación Nacional de Petróleo de Libia y construyó un corto oleoducto en Libia.

Los inmensos beneficios que se podrían obtener con el control del petróleo y del gas natural de Libia son el motivo del creciente tamboreo del llamado de los medios corporativos de EE.UU. a la “intervención humanitaria para salvar vidas”.

Manlio Dinucci, periodista italiano que escribe para Il Manifesto de Italia, explicó el 25 de febrero [Rebelión, del 1 de marzo] que “Si se derroca a Gadafi EE.UU. podría derribar todo el marco de las relaciones económicas con Libia y abrir el camino a las multinacionales basadas en EE.UU. que hasta ahora están casi totalmente excluidas de la explotación de reservas de energía en Libia. Por lo tanto, EE.UU. podría controlar el grifo de las fuentes de energía de las que depende en gran parte Europa y que también provee a China.”

Antecedentes de Libia

Libia fue una colonia italiana desde 1911 hasta la derrota de Italia en la Segunda Guerra Mundial. Las potencias imperialistas occidentales establecieron después de la guerra regímenes en la región que fueron llamados Estados independientes pero que estaban dirigidos por monarcas nombrados sin el voto democrático de los pueblos. Libia se convirtió en un país soberano sólo de nombre, pero estaba firmemente vinculado a EE.UU. y a Gran Bretaña bajo un nuevo monarca, el rey Idris.

En 1969, mientras una ola de luchas anticoloniales movilizaba al mundo colonizado, jóvenes oficiales militares nacionalistas de mentalidad panárabe derrocaron a Idris mientras estaba de vacaciones en Europa. El líder del golpe fue Muamar Gadafi, de 27 años.

Libia cambió su nombre de Reino de Libia a República Árabe Libia y después a Gran Jamahiriya Árabe Libia Popular Socialista‎.

Los jóvenes oficiales ordenaron el cierre de las bases de EE.UU. y Gran Bretaña en Libia, incluida la gran Base Aérea Wheelus del Pentágono. Nacionalizaron la industria petrolera y muchos intereses comerciales que estaban bajo control imperialista estadounidense y británico.

Esos oficiales militares no llegaron al poder mediante un levantamiento revolucionario de las masas. No fue una revolución socialista. Seguía siendo una sociedad clasista. Pero Libia ya no estaba bajo la dominación extranjera.

Se realizaron numerosos cambios progresistas. La nueva Libia hizo muchos progresos económicos y sociales. Las condiciones de vida de las masas mejoraron radicalmente. La mayoría de las necesidades básicas –alimentos, vivienda, combustible, atención sanitaria y educación– se subvencionaron fuertemente e incluso llegaron a ser enteramente gratuitas. Se utilizaron los subsidios como la mejor manera de redistribuir la riqueza nacional.

Las condiciones de las mujeres cambiaron drásticamente. En 20 años, Libia logró el puesto más alto de África en el Índice de Desarrollo Humano –una medida de las Naciones Unidas de la expectativa de vida, los logros educacionales y el ingreso real ajustado-. Durante los años setenta y ochenta, Libia fue conocida internacionalmente por la adopción de fuertes posiciones antiimperialistas y el apoyo a otras luchas revolucionarias, del Congreso Nacional Africano en Sudáfrica a la Organización por la Liberación de Palestina y el Ejército Republicano Irlandés.

EE.UU. realizó numerosos intentos de asesinato y golpes contra el régimen de Gadafi y financió grupos armados de oposición, como el NFSL. Algunos ataques estadounidenses fueron flagrantes y abiertos. Por ejemplo, 66 cazabombarderos estadounidenses bombardearon sin advertencia previa la capital libia de Trípoli y su segunda ciudad, Bengasi, el 15 de abril de 1986. La casa de Gadafi fue bombardeada y su hija pequeña murió en el ataque, junto con cientos de personas más.

Durante los años ochenta y noventa EE.UU. logró aislar a Libia mediante estrictas sanciones económicas. Se hizo todo esfuerzo posible por sabotear la economía y desestabilizar al gobierno.

Satanización de Gadafi

Es el pueblo de Libia, de África y del Mundo árabe el que tiene que evaluar el papel contradictorio de Gadafi, presidente del Consejo de Comando Revolucionario de Libia. La gente de EE.UU., en el centro de un imperio basado en la explotación global, no debería unirse a las caracterizaciones racistas, ridiculización y satanización de Gadafi que saturan los medios corporativos.

Incluso si Gadafi fueran tan tranquilo y austero como un monje y tan cuidadoso como un diplomático todavía sería, como presidente de un país africano rico en petróleo, previamente subdesarrollado, odiado, ridiculizado y satanizado por el imperialismo de EE.UU. si ofreciera resistencia a la dominación corporativa estadounidense. Fue su verdadero crimen y por eso no lo han perdonado jamás.

Es importante señalar que nunca se utilizan términos degradantes y racistas contra peones fiables de EE.UU. o dictadores, no importa cuán corruptos o implacables sean con su propio pueblo.

Las amenazas de EE.UU. imponen condiciones

Después del crimen de guerra estadounidense anunciado como “conmoción y pavor”, con su masivo bombardeo aéreo de Iraq seguido por una invasión por tierra y ocupación, Libia finalmente sucumbió a las exigencias de EE.UU. Después de décadas de solidaridad militante antiimperialista, Libia cambió de rumbo drásticamente. Gadafi ofreció ayuda a EE.UU. en su “guerra contra el terror”.

Las exigencias de Washington eran onerosas y humillantes. Libia fue obligada a aceptar la responsabilidad total por el atentado del avión de Lockerbie y a pagar 2.700 millones de dólares de indemnización. Fue solo el comienzo. Para que se levantaran las sanciones de EE.UU., Libia tuvo que abrir sus mercados y “reestructurar” su economía. Todo formaba parte del paquete.

A pesar de las numerosas concesiones de Gadafi y las subsiguientes grandiosas recepciones por parte de jefes de Estado europeos, el imperialismo estadounidense estaba planeando su humillación total y su caída. Los think tanks estadounidenses realizaron numerosos estudios sobre cómo subvertir y debilitar el apoyo popular de Gadafi.

Los estrategas del FMI aparecieron en Libia con programas. Los nuevos consejeros económicos prescribieron las mismas medidas que imponen a cualquier país en desarrollo. Pero Libia no tenía una deuda externa; tiene una balanza comercial positiva de 27.000 millones de dólares anuales. La única razón por la cual el FMI exigió un fin de los subsidios de necesidades básicas fue debilitar la base social del apoyo al régimen.

La “liberalización del mercado” de Libia significó un recorte de 5.000 millones de dólares en subsidios al año. Durante decenios, el Estado había estado subvencionando un 93% del valor de varios productos básicos, en particular el combustible. Después de aceptar el programa del FMI, el gobierno duplicó el precio de la electricidad a los consumidores. Hubo un repentino aumento de 30% en los precios del combustible. Esto provocó aumentos de precio en muchos otros bienes y servicios.

Dijeron a Libia que tenía que privatizar 360 compañías y empresas de propiedad estatal, incluyendo usinas siderúrgicas, fábricas de cemento, firmas de ingeniería, fábricas de alimentos, líneas de montaje de camiones y autobuses y granjas estatales. Eso llevó a que miles de trabajadores perdieran sus puestos de trabajo.

Libia tuvo que vender una participación del 60% en la compañía petrolera estatal Tamoil Group y privatizar su Compañía General Nacional para Fábricas de Harina y Forraje.

El Fondo de la Fundación Carnegie ya estaba controlando el impacto de las reformas económicas. Un informe de Eman Wahby de 2005 titulado “Reformas económicas enojan a ciudadanos libios” decía que “otro aspecto de la reforma estructural fue el fin de las restricciones de importaciones. Otorgaron licencias a compañías extranjeras para exportar a Libia a través de agentes locales. Como resultado, productos de todo el mundo inundaron el mercado libio, previamente aislado.” Fue un desastre para los trabajadores de las fábricas de Libia, que no están equipadas para enfrentar la competencia.

Más de 4.000 millones de dólares ingresaron a Libia, que se convirtió en el principal receptor de inversión extranjera en África. Como saben sobradamente los banqueros y sus think tanks, esto no benefició a las masas libias, las empobreció.

Pero no importaba lo que hiciera Gadafi, nunca fue bastante para el poder corporativo de EE.UU. Los banqueros y financieros querían más. No había confianza. Gadafi se había opuesto a EE.UU. durante decenios y se le seguía considerando muy poco “fiable”.

La revista US Banker publicó en mayo de 2005 un artículo titulado “Mercados emergentes: ¿Es Libia la próxima frontera de los bancos estadounidenses?” Decía que “Mientras la nación aprueba reformas, los beneficios atraen. Pero el caos abunda.” Entrevistó a Robert Armao, presidente del Consejo Comercial y Económico EE.UU.-Libia basado en Nueva York: “Todos los grandes bancos occidentales están ahora explorando oportunidades en ese país”, dijo Armao. “La situación política con Gadafi sigue siendo muy sospechosa”. El potencial “parece maravilloso para los bancos. Libia es un país que no se ha tocado y una tierra de oportunidad. Sucederá, pero puede tardar un poco.”

Libia nunca ha sido un país socialista. Siempre ha habido amplia riqueza heredada y viejos privilegios. Es una sociedad clasista con millones de trabajadores, muchos de ellos inmigrantes.

La reestructuración de la economía para maximizar los beneficios de los banqueros occidentales desestabilizó las relaciones, incluso en los círculos gobernantes. ¿Quién participa en los acuerdos para privatizar industrias clave, qué familias, qué tribus? ¿Quién se queda afuera? Aparecieron viejas rivalidades y competencias.

Se puede ver hasta qué punto el gobierno de EE.UU. estaba observando esos cambios impuestos en cables recientemente publicados, provenientes de WikiLeaks, de la embajada de EE.UU. en Trípoli, reproducidos en el Telegraph británico del 31 de enero. Un cable titulado “Inflación aumenta en Libia” y enviado el 4 de enero de 2009, describió el impacto de “un programa radical de privatización y de reestructuración del gobierno”.
“Se vieron aumentos excepcionales”, dijo el cable, “en precios de alimentos, productos previamente subvencionados como azúcar, arroz, y harina, aumentaron en un 85% en los dos años desde la eliminación de los subsidios. Los materiales de construcción también han tenido un fuerte aumento: los precios del cemento, conglomerado, y ladrillos, han aumentado en un 65% durante el pasado año. El cemento ha aumentado en un año de 5 dinares libios por saco de 50 kilos a 17 dinares; el precio de las barras de acero se ha multiplicado por diez.
“La terminación [por el gobierno libio] de los subsidios y controles de precios como parte de un programa más amplio de reforma económica y privatización ha contribuido ciertamente a presiones inflacionarias y ha causado algunas quejas…
“La combinación de la alta inflación y la disminución de subsidios y controles de precios es preocupante para un público libio acostumbrado a mayor protección del gobierno ante las fuerzas del mercado.”
Estos cables de la embajada de EE.UU. confirman que mientras seguían manteniendo a grupos libios de oposición en Egipto, Washington y Londres también medían constantemente la temperatura del descontento masivo causado por sus políticas.

Actualmente, millones de personas en EE.UU. y en todo el mundo son inspiradas por las acciones de millones de jóvenes en las calles de Egipto, Túnez, Barein, Yemen y ahora Omán. El impacto se siente incluso en la ocupación en Wisconsin.

Es vital que el movimiento político y la conciencia de clase estadounidense resistan la enorme presión de la campaña orquestada por EE.UU. a favor de la intervención militar en Libia. Hay que oponerse a una nueva aventura imperialista. ¡Solidaridad con los movimientos populares! ¡Fuera las manos, EE.UU.!

La atención está en Libia, la importancia geoestratégica en Bahrein

Brutal represión del reaccionario régimen feudal y proimperialista occidental de Bahrein contra las manifestaciones populares.
CEPRID Martes 1ro de marzo de 2011

Alberto Cruz

Una vez más jugando el juego de la burguesía: que si Gadafi es bueno, que si es malo, que si ya no controla el país, que si hay que ocupar el país, que si se le apoya desde América Latina, que si hay que criticarle… Con una habilidad pasmosa, la burguesía ha desenfocado las revueltas que se están produciendo en el mundo árabe: en Egipto y Túnez la clase media que impulsó las revueltas, con el apoyo del Ejército, no duda en atacar a quienes quieren ir más allá de meras reformas cosméticas para que todo siga igual y ellos tengan su parcelita de poder para evitar su progresivo empobrecimiento; en Marruecos y Jordania siguen las movilizaciones, ya con críticas a las respectivas monarquías (algo novedoso) pero se han vuelto inexistentes. Apenas algún suelto entre la maraña de crónicas desde las “zonas liberadas” de los “enviados especiales” a Libia. Pero no es aquí donde se está jugando el futuro del mundo árabe tal y como hoy le conocemos, sino en Bahrein, la mecha que puede prender las revueltas en todo el Golfo Pérsico.

La importancia geoestratégica de lo que sucede en este pequeño país es de tal calado que si triunfa la revuelta en marcha afectará a Kuwait y a Arabia Saudita. En el primer país ya ha comenzado a haber manifestaciones. En los tres países hay shiíes, mayoría absoluta de la población (70%) de Bahrein y minorías significativas en los otros dos (con alrededor de un 30% en Kuwait y algo menos del 20% en Arabia, pero en este país asentados en la zona más rica de petróleo –de ahí sale el 10% del petróleo que consume diariamente en mundo- que está, además, muy cercana a Bahrein). A lo largo de los tiempos, han sido los shiíes marginados política, económicamente y vistos como una especie de “quinta columna” de la revolución islámica que se inició en Irán en 1979. Ni siquiera con la tímida reforma constitucional de 2001 y la reactivación del Parlamento los shííes bahriníes salieron de la exclusión y se les impidió con argucias legales establecer una mayoría política, por lo que el control se mantuvo en manos suníes. Fue, en realidad, una farsa que consolidaba constitucionalmente el poder en manos de las élites suníes puesto que quedaba en manos de la monarquía nombrar un consejo consultivo que puede bloquear a los candidatos electorales y se manipularon los distritos electorales hasta reducir al mínimo la representación shií en el Parlamento. Los partidos no son legales, sólo pueden presentarse a las elecciones como “sociedades políticas”.

Si hay preocupación en Occidente por el petróleo, imaginemos lo que sucedería con un cambio en la correlación de fuerzas en el “granero negro” del Golfo. Por no hablar de dos cosas: la primera, del penoso lugar en que quedará el despliegue militar estadounidense en la zona, donde tiene no solo la sede central de la V Flota (Bahrein), desde la que salieron los bombarderos y misiles que asolaron Bagdad antes de la invasión de 2003, sino prácticamente el mando militar (en Kuwait) de las tropas de ocupación de Irak y en Afganistán; la segunda, del reforzamiento de la influencia de Irán en la zona y, por extensión, en todo Oriente Próximo.

Este es el talón de Aquiles de la estrategia que está adoptando la Administración Obama con las revueltas en el mundo árabe: apoyarlas para que no se le vayan de las manos y puedan ser utilizadas, como lo han venido siendo los presidentes depuestos, en su campaña contra Irán. De ahí esos llamados a la “moderación” en la respuesta a los manifestantes, al “evitar la violencia” , lo cual, en caso de Bahrein, se tradujo en que de inmediato las fuerzas militares (Ejército y Policía) de la monarquía dejaron de masacrar a los que poco antes había desalojado a sangre y fuego de la Plaza de la Perla (llamada por los manifestantes “Plaza de los Mártires” en homenaje a los muertos causados por la represión). No hace falta recordar la bravucona intervención del jefe del Ejército en televisión asegurando que se utilizaría toda la fuerza necesaria para evitar “los desórdenes” tras sacar los tanques a la calle para reprimir la revuelta a los tres días de iniciada. Bahrein es el único país árabe en crisis que ha sido visitado dos veces por altos responsables, políticos y militares, estadounidenses en estos días (1). El último, por ahora, el Secretario de Estado para Asuntos del Cercano Oriente, Jeffrey Feltman.

Tanto EEUU como Arabia Saudita sienten un frío que recorre su espina dorsal y ambos están en una posición difícil. No pueden alentar la represión ni tampoco invadir el país, como se está planteando con insistencia respecto a Libia. Esa simple idea desataría la furia entre los shiíes hasta extremos incontrolables. Desde luego, los bahriníes han tenido mucho cuidado en no hacer ostentación de su creencia religiosa en las protestas. Al igual que en Egipto, el uso de la bandera nacional evidencia un sentimiento de país y no de fe religiosa que reduce el margen de maniobra a los partidarios de “las fronteras de sangre” y del enfrentamiento interreligioso suní-shií. Nada más lejos de la realidad que un intento por parte de los manifestantes de crear algún tipo de wilayat al-faqih, Estado shií, puesto en Bahrein hay una importante organización de izquierda, Waad, integrada casi en su totalidad por shiíes. Por lo tanto, no tiene ningún sentido hacer caso de aseveraciones como la de Mike Mullen, Jefe del Estado Mayor Conjunto de las FFAA de EEUU cuando acusa, sin nombrarlo, a Irán de “incitar los disturbios en Bahrein” (2).

Arabia Saudita en jaque

Esa ha sido la gran justificación de la monarquía de Bahrein en los últimos años, hasta el extremo de pedir a EEUU el bombardeo de Irán como pusieron de manifiesto los documentos revelados por Wikileaks. La monarquía ha pretendido contraatacar la revuelta popular convocando a sus partidarios (21 de febrero) en la mezquita suní Al-Khalifa, con lo que vuelve a ponerse encima de la mesa el sectarismo que sustenta este régimen. Además, si en Libia se habla de mercenarios que apoyan a Gadafi, lo mismo hay que decir de Bahrein, con mercenarios salafistas –muchos de ellos saudíes- utilizados por el Ministerio del Interior para reprimir las protestas en los primeros días. Hay tribus que tienen la doble nacionalidad, bahriní-saudita y es en ellos en quienes se ha asentado la seguridad del régimen monárquico hasta la fecha.

Los intereses de los saudíes en Bahrein son históricos, hasta el extremo de haber construido un puente que une los dos países (Bahrein es una isla) y por el que cada fin de semana se trasladan miles de hombres de negocios saudíes para desfogarse en el “liberal” (respecto a Arabia Saudita) Bahrein. Pero ese puente –que se comenzó a construir en 1981, dos años después del triunfo de la revolución islámica de Irán- no tiene una función lúdica, sino de control militar. Tiene la suficiente anchura como para que pase en poco tiempo toda una división mecanizada con la que reforzar al Ejército de Bahrein cuando sea necesario. Ya se hizo en 1990, cuando una oleada de bombas afectó al centro comercial y financiero de Manama, la capital.

Por lo tanto, no es una hipótesis descabellada la intervención saudita si las manifestaciones adquieren un carácter más drástico. Si con las movilizaciones de Egipto la bolsa de valores saudita cayó una media del 6% diario (3), una crisis similar en Bahrein sería devastadora para la economía de un país que, rico, se encuentra en una parálisis política por la enfermedad de la gerontocracia, en pleno proceso de sucesión, y la falta de respuesta a lo que está sucediendo en la zona y que se traduce, sin concesiones, en una progresiva pérdida de su influencia. Y Arabia Saudita es la gran pieza en esta partida de ajedrez que se está jugando: el equivalente al jaque al rey. Con el alfil jordano anulado y la dama egipcia amenazada y con sus movimientos restringidos a las casillas cercanas, la pérdida de la torre bahriní implica el mate al rey saudita.

De momento, y a la espera de cómo evolucionan las protestas, tanto EEUU como Arabia Saudita han incentivado a la monarquía de Bahrein a hacer concesiones, modestas, pero concesiones a la mayoría de su población como la liberación de algunos presos políticos y el nombramiento de un príncipe heredero para negociar con los manifestantes, al tiempo que ha habido un cambio de cinco ministros (Vivienda, Trabajo, Salud, Electricidad y Agua y Presidencia, es decir, todos ministerios sociales, lo que pone de manifiesto la depauperización en que vive la mayoría de la población) y se reduce un 25% la tasa de interés en préstamos para la vivienda. Insuficiente para las demandas shiíes, que ya están pidiendo ni más ni menos que la desaparición de la monarquía.

No lo van a lograr si no incrementan y radicalizan sus acciones -y el domingo 27 de febrero se inició un camino en esa dirección con el bloqueo de la sede de Gobierno (4), en protesta por una reunión del Parlamento que consideran ilegal puesto que al haberse retirado el bloque parlamentario shíi no hay quórum suficiente para ningún debate ni reunión al tiempo que el gobierno reforzaba la seguridad policial de las embajadas de los países del Golfo-, pero sí conseguirán más concesiones políticas de lo que les gustaría tanto a la monarquía como a sus patrocinadores saudíes y estadounidenses. En cualquier caso, eso ya será visto como un triunfo que va a envalentonar a los shíies tanto en Kuwait como en Arabia, con la consiguiente merma de la influencia política de EEUU y del Consejo de Cooperación del Golfo (Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán y Qatar).

El que el 17 de febrero, un día después de la matanza de manifestantes, los ministros de Asuntos Exteriores del CCG se reuniesen en Manama deja bien claro que no se va a dejar caer al régimen de Bahrein, con tal alto porcentaje de población shií. Para ellos, eso sería como dar por perdido el golfo y dejarlo en manos de Irán en unos momentos en los que este país festeja lo que considera “un nuevo despertar islámico y un Nuevo Oriente Medio” con la aparición de nuevos actores menos serviles a los intereses occidentales. Desde ese momento, la cadena Al Jazeera ha comenzado a ofrecer una cobertura más sectaria de lo que ocurre en Bahrein, en contraposición a su abierta postura de simpatía con las revueltas en los otros países árabes. Eso parece haber abierto unan fisura entre los manifestantes bahriníes, con los más moderados del Al-Wefaq (Movimiento para el Acuerdo Nacional) apostando ahora por una “monarquía constitucional” al estilo británico.

Sin embargo, dentro del CCG hay un país, Qatar, que desde el triunfo de Hizbulá contra Israel en la guerra del verano de 2006 está jugando fuerte para convertirse en un puente entre ellos e Irán. Qatar puede jugar un papel geoestratégico importante: buscar un acercamiento a Irán y ejercer una influencia moderadora entre los shíies del Golfo.

Las fuerzas del “cambio” en Libia

En esta convulsa situación el imperialismo sólo respira en Libia. Aquí sí se puede afirmar de manera abierta que están triunfando las huestes pro-imperialistas. El denominado Frente Nacional para la Salvación de Libia, a quien se considera el protagonista de la rebelión (siendo muy significativo que se exhiba la bandera monárquica) es una creación de la CIA y de Arabia Saudita en los años 70 del siglo pasado (5) y la Unión Constitucional Libia es una organización monárquica. Ambas forman parte de la denominada Conferencia Nacional de Oposición Libia.

¿Quiere decir eso que Gadafi es “bueno” y un referente anti-imperialista? En absoluto. Sus histrionismos y devaneos prooccidentales son suficientemente conocidos aunque ahora haya sido abandonado por Occidente y tratado como un paria. Ya había sido denunciado hace tiempo dentro del mundo árabe por el Frente de la Resistencia (especialmente Hizbulá) por estos hechos y por su papel en la desaparición de uno de los principales dirigentes shiíes, Musa Sadr, hace treinta años y del que ahora se cuenta que podría estar vivo y en una cárcel libia.

Es entendible el apoyo que recibe desde América Latina, más con el corazón que con la cabeza. Pero si se defiende el derecho a la autodeterminación de los pueblos habrá que ser consecuentes, entendiendo que la postura es apoyar el derecho del pueblo libio a gestionar sus propios asuntos, sin injerencias de la OTAN o cualquier otra potencia imperialista-.

El hecho que el Consejo de Seguridad de la ONU haya votado por unanimidad una serie de sanciones a personalidades y haya abierto la puerta de la Corte Penal Internacional (sobre la que habría mucho que hablar) no quiere decir gran cosa: la resistencia de Turquía, Rusia y China ha impedido que se aprobase la declaración de unas “zonas de exclusión aérea” como las que sirvieron de premisa para la invasión de Irak y que habían sido reclamadas por la Conferencia Nacional de Oposición Libia. Habrá un derrumbe del régimen pero no tan pronto como los imperialistas desearían y, por ahora, no será posible una intervención extranjera al menos de forma abierta.

Sí habrá un reconocimiento a un “gobierno provisional” al estilo de Túnez y Egipto, es decir, formado por personalidades hasta ahora del régimen y en el que tendrá cabida la CNOL. Y si en estos dos países se mantienen intactas las líneas económicas neoliberales desarrolladas tanto por Ben Ali como por Mubarak, en Libia, que también existen con Gadafi, se acelerarán. La CNOL ya hablaba en 1994 de una privatización completa de la economía libia (6).


Notas:

(1) Al-Quds Al-Arabi, 25 de febrero de 2011.

(2) Asia Times, 24 de febrero de 2011.

(3) Alberto Cruz, “Egipto: la revuelta de la clase media (y el comienzo de una nueva lucha)”, http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1079

(4) Al Jazeera, 27 de febrero de 2011.

(5) Jeffrey Richelson, “The US intelligence community”, Westview Press, 2008.

(6)“Libyans Debate Post-Qaddafi Era”, http://www.wrmea.com/backissues/0194/9401050.htm


Alberto Cruz es periodista, politólogo y escritor.

En vísperas de una nueva agresión (y van...)

Alejandro Teitelbaum

CEPRID/Argenpress Viernes 11 de marzo de 2011

http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1102

Es muy difícil hacerse un juicio propio sobre las revueltas populares en algunos países árabes, particularmente en Libia, desde donde la desinformación que llega es particularmente grosera.

Dejando de lado las disgresiones de los “analistas de la actualidad” de todas las tendencias, aunque se parta de la hipótesis de que, en su origen, dichas revueltas han sido más o menos espontáneas, no hay que descartar que la CIA, aprovechando la coyuntura , haya metido la mano. Lectura recomendada: La caída de la CIA- Las memorias de un guerrero de la sombra sobre los frentes del Islam, 2002, de Robert Baer, ex agente de operaciones clandestinas de la CIA.

Después que comenzaron los estallidos, la intervención yanqui en distintos niveles para evitar cambios democráticos y sociales de fondo promovidos por las clases populares sublevadas es indisimulada y manifiesta.

El caso de Libia tiene la particularidad de que ha reavivado el apetito histórico e insaciable de los Estados Unidos por el petróleo ajeno (el de Libia fue nacionalizado por Khadafi en los años 70).

Otra particularidad en el caso de Libia es que quienes se han erigido en dirigentes de la revuelta en Benghazi llaman abiertamente a la intervención extranjera.

Ahora parece ya cuestión de horas para que los Estados Unidos, con el apoyo de la OTAN, recomience su tradicional método de ataques aéreos terroristas.

Esta forma de terrorismo forma parte de la doctrina militar de los Estados Unidos, que ha empleado ampliamente en Vietnam, Panamá (año 1989, 2000 muertos en el barrio Los Chorrillos), Irak, Yugoslavia, nuevamente en Irak y Afganistán desde hace casi diez años, utilizando armas prohibidas como el napalm, el agente naranja, las bombas de racimo (cluster bombs) las bombas “segadoras de margaritas” y las bombas termobáricas.

Las bombas atómicas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki fueron las acciones terroristas más monstruosas de la historia porque no fueron acciones militares desproporcionadas sino militarmente innecesarias, como dijo después el general Eisenhower.

En realidad, en esta materia, los yanquis perfeccionaron los métodos pero no inventaron nada.

Los bombardeos terroristas contra la población civil fueron ya empleados en el siglo XIX bajo la forma de bombardeos navales: por ejemplo el bombardeo naval inglés de Cantón en 1841 durante la primera guerra del opio; en los albores del siglo XX , con el fin de exigir el pago inmediato de 161 millones de bolívares -por una deuda que el gobierno venezolano estimaba en 19 millones- doce buques de guerra de Alemania, Italia y Gran Bretaña bloquearon en 1902 las costas venezolanas y bombardearon sus puertos.

En el siglo XX, con la aviación, los bombardeos terroristas adquirieron una amplitud y una crueldad sin precedentes. Italia los practicó en Etiopía en 1935-36, Japón en China en 1937-39, Alemania e Italia durante la guerra civil española (Madrid 1936, Guernica 1937), Alemania nazi y los aliados durante la Segunda Guerra Mundial (Varsovia, Rotterdam, Londres, Dresde, Hiroshima, Nagasaki, etc.).

Se sabe sobradamente que los bombardeos sobre Irak causaron innumerables víctimas civiles (los llamados “daños colaterales”, lo mismo ocurrió en Yugoslavia y sigue aconteciendo en Afganistán).

En una programa de televisión muy popular en Estados Unidos llamado “60 minutos”, el 12 de mayo de 1996, el periodista Lesley Stahl le preguntó a Madeleine Albright, entonces embajadora de USA antes las Naciones Unidas:

“Hemos oído decir que en Irak han muerto medio millón de niños (a causa de las sanciones y el embargo). Más que en Hiroshima. ¿Vale la pena pagar ese precio?”

Albright (que hace poco representó a Obama en una reunión del G20) respondió: “Es una decisión difícil, pero creo que el precio vale la pena pagarlo”.

La misma Albright que como Secretaria de Estado de Clinton hizo naufragar en marzo de 1999 las negociaciones de Rambouillet entre la OTAN y Yugoslavia – que estaban bien encaminadas- y precipitó la agresión contra este último país.

La similitud con el actual rechazo por las potencias occidentales de la mediación propuesta por Chávez y aceptada por la Liga Árabe es pura coincidencia.

Aunque sea obvia la respuesta, se puede formular la pregunta de qué autoridad moral tienen los Estados Unidos y sus aliados para reaccionar contra la represión en el interior de un país cuando la promueven en todas partes del mundo hace más de 200 años con guerras coloniales y neocoloniales, invasiones, golpes de Estado, aprovisionamiento de armas de todo tipo a dictaduras, etc. Y cubren con un manto de impunidad las reiteradas violaciones de los derechos humanos fundamentales del pueblo palestino en que incurre el Gobierno de Israel desde hace medio siglo.